De todas las terapias con las que trabajo, el Reiki es la que más gente pide y la que más gente pide con desconfianza. La pregunta que me llega por WhatsApp casi siempre es alguna variante de: "Pero… ¿qué me vas a hacer exactamente?".
Es una duda razonable. Vas a tumbarte una hora en una camilla, en casa de alguien a quien no conoces, para algo que no sabes describir. Así que vamos a describirlo.
Qué es el Reiki, en dos frases
Es una técnica de imposición de manos de origen japonés. La terapeuta coloca las manos sobre distintas zonas del cuerpo, o ligeramente por encima, sin masaje, sin presión y sin manipular nada.
El Reiki no es un tratamiento médico y no cura enfermedades. Lo que se observa en consulta, y lo que describe la mayoría de la gente, es una relajación profunda. Eso, en alguien que lleva meses sin bajar de revoluciones, ya vale bastante por sí solo.
La sesión, paso a paso
Antes de tumbarte: diez minutos de conversación
No empiezo en frío. Hablamos un rato: cómo estás, qué tal duermes, si hay alguna zona del cuerpo donde notes la tensión, si vienes por algo concreto o por un malestar difuso. También me dices si hay alguna zona que prefieres que no toque. Eso se respeta sin preguntar por qué.
La camilla: una hora, vestida
Te tumbas boca arriba, vestida, con una manta por encima si hace fresco. Se quitan zapatos, reloj, cinturón, gafas: cualquier cosa que apriete o moleste.
La luz es baja. Suele haber música suave de fondo, aunque si prefieres silencio se apaga. No tienes que hacer nada: ni respirar de una forma concreta, ni visualizar, ni creer en nada. Puedes hablar si te apetece o callarte toda la sesión. La mayoría se calla a los cinco minutos.
Lo que hago yo
Voy colocando las manos por posiciones, empezando por la cabeza y bajando. Unos minutos en cada una. En algunas zonas apoyo las manos suavemente; en otras las mantengo unos centímetros por encima. No hay masaje, no hay presión y no hay contacto en zonas íntimas. Nunca.
Si te pica la curiosidad de qué noto yo mientras tanto, es una pregunta tan frecuente que tiene su propio artículo: qué siente la persona que da Reiki.
El final: cinco minutos de vuelta
No te levanto de golpe. Te aviso de que hemos terminado y te dejo unos minutos ahí, porque es frecuente levantarse algo espesa, como quien se despierta de una siesta larga. Después bebes agua y comentamos cómo ha ido.
Qué se siente exactamente
Aquí van las sensaciones que más me describen. Ninguna es obligatoria y el orden no significa nada:
- Calor. Es de lejos la más común: una sensación de calor en las zonas donde apoyo las manos, a veces bastante marcada.
- Pesadez. El cuerpo se hunde en la camilla, como cuando estás a punto de dormirte.
- Hormigueo en manos, pies o cara.
- Sueño. Mucha gente se duerme. No pasa nada, y no invalida la sesión.
- Movimiento en el estómago, ruidos intestinales. Suele ser buena señal: el cuerpo está saliendo del modo alerta.
- Emoción que aparece sin motivo. A veces salen lágrimas sin que haya un pensamiento triste detrás. Es más habitual de lo que la gente imagina, y está perfectamente bien.
- Nada. También es un resultado.
Y después de la sesión
Lo más habitual es salir con sueño, algo de sed y la sensación de quien se despierta de una siesta larga. Mucha gente duerme especialmente bien esa noche. Algunas personas salen más sensibles durante unas horas. Todo eso es leve y se pasa solo en el mismo día. Lo explico con detalle, incluido cuándo algo no es normal, en después de una sesión de Reiki.
Qué no va a pasar
Por si acaso, porque hay mucha película:
- No vas a perder la consciencia ni el control en ningún momento.
- No voy a "leerte la mente" ni a decirte cosas de tu vida que no me hayas contado.
- No voy a diagnosticarte nada, porque no me corresponde y porque no se puede.
- No te voy a pedir que dejes ninguna medicación. Si alguien te lo pide alguna vez, en cualquier consulta, sal de ahí.
Cuántas sesiones hacen falta
La respuesta honesta es: depende, y se decide sobre la marcha. Pero te doy el criterio con el que trabajo yo.
Dos cosas importantes. La primera: si después de tres sesiones no notas absolutamente nada, te lo voy a decir yo antes que tú. No tiene sentido seguir encadenando sesiones de algo que no te está haciendo efecto; probaremos otra cosa o lo dejamos.
La segunda: no vendo bonos cerrados de entrada. Se van decidiendo sobre la marcha.
Cómo sacarle más partido
- No vengas con prisa. Si tienes que salir corriendo a los cincuenta minutos, el cuerpo no se suelta. Deja hueco después.
- Bebe agua durante el resto del día.
- No planifiques nada exigente justo después. Lo ideal es un rato tranquilo.
- Si esa noche duermes como hacía tiempo que no dormías, apúntalo. Es el efecto del que más me hablan al volver.
Se combina bien con otras cosas
El Reiki se lleva bien con casi todo. Es frecuente combinarlo en la misma sesión con gemoterapia, que añade la parte ritual con los minerales, o compaginarlo con una fórmula de Flores de Bach que trabaje el día a día entre sesión y sesión.
Si vives lejos o no te viene bien desplazarte, existe también la modalidad a distancia, aunque para empezar sigo recomendando la presencial: entiendes mucho mejor a qué se parece esto.
Si no sabes por dónde empezar, el Reiki suele ser la mejor puerta de entrada precisamente porque no te exige nada: solo tumbarte. Y si quieres ver el mapa completo, lo tienes en esta guía.