El Reiki a distancia es lo que más ceja levantada provoca de todo lo que hago, incluso entre gente que ya ha venido a una sesión presencial y ha salido encantada. La pregunta suele llegar con cierto apuro, como si diera vergüenza preguntarlo: "pero… ¿cómo va a funcionar si no estás aquí?".
Es una pregunta legítima y merece una respuesta honesta, no una evasiva mística.
Qué es y qué no es
En una sesión a distancia acordamos un día y una hora. A esa hora tú te tumbas donde estés, y yo trabajo desde la consulta durante unos cuarenta minutos. Después lo comentamos: por teléfono, por videollamada o por mensaje, como prefieras.
No hay dispositivo, no hay nada que instalar y no hace falta que estemos conectadas mientras dura.
Hay que decirlo con claridad: no existe evidencia científica que respalde el Reiki, ni presencial ni a distancia, como tratamiento de nada. No cura, no trata y no sustituye a tu médico. Lo que se observa en consulta, y lo que describe la mayoría de la gente, es relajación profunda. Si buscas otra cosa, esta no es la puerta.
Dicho eso, hay un motivo por el que una sesión a distancia bien planteada funciona para bastante gente, y no tiene nada de esotérico: es una cita en el calendario que te obliga a tumbarte una hora sin hacer nada. Eso, para una persona que lleva meses sin parar, ya es la mitad del trabajo.
Cómo es, paso a paso
Hablamos antes. Diez o quince minutos, por teléfono o videollamada, igual que en la presencial. Cómo estás, qué tal duermes, si hay algo concreto. Esto no me lo salto nunca: sin esa conversación, la sesión es un ritual vacío.
Acordamos la hora. Y aquí va el detalle que más determina el resultado: elige una hora en la que de verdad puedas tumbarte sin interrupciones. No a las seis de la tarde con los niños en casa. No en el descanso de comer, con una reunión a las tres.
Preparas el sitio. Cama o sofá, mejor si es un lugar en el que no trabajas. Luz baja. Móvil en silencio, boca abajo y lejos. Una manta, que el cuerpo se enfría cuando se relaja de verdad.
Los cuarenta minutos. Te tumbas boca arriba y no haces nada. Si te duermes, bien. Si te da la risa, también. Si a los diez minutos estás pensando en la lista de la compra, es normal y no lo estás haciendo mal.
Lo comentamos. Después, cuando te venga bien. No hace falta que sea inmediatamente.
Qué suele sentirse
Las sensaciones que me describen son parecidas a las de la presencial, aunque en general algo más suaves:
- Calor, sobre todo en manos y pecho.
- Pesadez, el cuerpo hundiéndose.
- Somnolencia. Muchísima gente se duerme, y en la sesión a distancia más que en la presencial, porque está en su propia cama.
- Emoción que sube sin motivo aparente.
- Nada en el momento, y un sueño distinto esa noche. Es lo que más me cuentan al día siguiente.
- Nada, ni entonces ni después. También pasa, y es un resultado.
En qué se siente en una sesión de Reiki lo cuento con más detalle, sesión presencial incluida.
En qué se diferencia de la presencial
Voy a ser franca, aunque me convenga menos.
Lo que se pierde a distancia es sobre todo el espacio y el contacto. Tumbarte en una camilla, en una habitación en penumbra preparada para eso, con alguien que te apoya las manos, tiene un efecto que tu sofá no reproduce del todo.
Cuándo la recomiendo y cuándo no
Tiene sentido si:
- Vives lejos y la presencial no es viable.
- Ya has hecho sesiones presenciales conmigo y quieres mantener la continuidad entre visitas.
- Tienes movilidad reducida, o estás en una temporada en la que salir de casa es un problema.
- Cuidas de alguien y no puedes ausentarte una tarde entera.
No la recomiendo si:
- Es tu primera vez. De verdad: empieza presencial si puedes. Vas a entender mucho mejor qué es esto, y después la distancia funciona mejor porque ya sabes a qué se parece.
- No tienes un sitio ni un rato de verdad. Una sesión a distancia hecha entre interrupciones no es una sesión.
- Buscas resolver algo físico concreto. Eso es del médico, presencial o no.
Sacarle partido
Cuatro cosas que marcan diferencia, por lo que veo:
- Trátalo como una cita de verdad. Ponlo en el calendario con aviso. Si lo dejas en "ya me tumbaré cuando pueda", no pasa.
- Deja hueco después. Nada de reunión a los cinco minutos. Si te levantas de golpe, se disuelve.
- Bebe agua el resto del día.
- Apunta cómo duermes esa noche. Es el indicador del que más me hablan a la semana siguiente.
Si lo que quieres es el ritual completo
A distancia no se puede combinar con gemoterapia, porque la colocación de los minerales es física y hay que estar. Lo que sí encaja perfectamente en paralelo es una fórmula de Flores de Bach, que se consulta por videollamada y se envía: las gotas trabajan el día a día y la sesión pone el punto de parada.
El Reiki no es lo único que se puede llevar desde casa: en terapias naturales online repaso qué funciona por videollamada y qué no.
Y si estás decidiendo por dónde empezar, en esta guía comparo las cuatro vías con las que trabajo.