Cuando alguien sale de una sesión, casi siempre me hace la misma pregunta, y casi siempre al final, ya con el abrigo puesto: "¿Y tú qué notas mientras tanto?".
Es una curiosidad muy natural. Tú estabas tumbada con los ojos cerrados una hora, y la otra persona ha estado ahí, con las manos puestas, todo ese tiempo. Algo tendrá que pasarle.
Te cuento lo que describimos quienes damos Reiki. Y, sobre todo, lo que significa y lo que no.
Antes de nada: qué es una sensación y qué no
Lo que siente quien da Reiki son sensaciones subjetivas: calor, hormigueo, cansancio. No existe evidencia científica de que correspondan a una energía que se transmite, ni de que sirvan para saber nada sobre la salud de quien está en la camilla. Te las cuento como lo que son: la experiencia de quien practica, no una prueba de nada.
Lo digo primero porque es la confusión más común, y la más peligrosa. Una terapeuta que "nota un bloqueo en tu hígado" no está notando nada de tu hígado. Si alguna vez te dicen algo así, tómatelo como una señal para buscar a otra persona.
Qué se nota en las manos
Es lo que más se describe, con diferencia:
- Calor. A menudo intenso, más del que cabría esperar por tener las manos quietas un rato. En algunas posiciones se nota más que en otras.
- Hormigueo en las palmas o en las yemas de los dedos.
- Pulsación, como si se notara el latido en las manos.
- Peso o "densidad", sobre todo cuando las manos están unos centímetros por encima del cuerpo.
- Frío, menos habitual, pero también aparece.
Hay explicaciones bastante terrenales para buena parte de esto. Dos manos apoyadas un buen rato sobre una zona cubierta acumulan calor; la atención concentrada en una parte del cuerpo hace que notes sensaciones que normalmente pasan desapercibidas. No le quita valor a la experiencia, pero conviene saberlo.
Qué se nota en el cuerpo y en la cabeza
Más allá de las manos, lo que más se repite entre quienes practicamos es una especie de calma concentrada. No es relajarse como en el sofá: es parecido a lo que describe la gente que medita. La respiración se hace más lenta, el ruido mental baja y el tiempo pasa raro; una hora se queda en veinte minutos.
También hay días en que no pasa nada especial. Las manos están templadas, la cabeza se va a la lista de la compra y hay que volver a centrarse, como en cualquier práctica de atención. Y eso no significa que la sesión haya sido peor para quien la recibe.
¿Se cansa quien da Reiki?
Es una pregunta frecuente, y suele venir con una idea detrás: que quien da Reiki "absorbe" el malestar del otro y sale cargada.
No es mi experiencia ni la de la mayoría. Una sesión bien planteada no debería dejarte agotada. Cuando quien la da termina rendida, suele haber causas bastante concretas:
- La postura. Una hora con los brazos extendidos y la espalda inclinada pasa factura si la camilla no está a la altura correcta.
- Encadenar sesiones sin pausa. Entre una persona y otra hace falta un rato para airear la sala, beber agua y volver a una misma.
- Querer "conseguir algo". Estar pendiente de que la otra persona note cosas, o de que la sesión "funcione", es agotador. Lo que se hace en Reiki es acompañar, no empujar.
Lo que sí describe mucha gente al terminar es lo contrario: salir más tranquila de lo que entró.
Qué no siente quien da Reiki
Para que no haya malentendidos, porque circula mucha película:
- No sabe lo que te pasa. No ve tu historia, no detecta enfermedades, no adivina emociones. Lo que sé de ti es lo que tú me cuentas en la conversación previa.
- No "recibe" tus problemas. No hay nada que pase de tu cuerpo al mío.
- No necesita que tú creas en nada para hacer su parte. Ni tú tampoco.
Por qué importa esto si tú vas a recibir la sesión
Porque te ayuda a elegir bien a quien te acompaña. Una buena profesional de Reiki habla de sus sensaciones con naturalidad y sin darles más peso del que tienen. Desconfía si alguien:
- Te hace un "diagnóstico" a partir de lo que nota en las manos.
- Te dice que tienes un bloqueo que necesita muchas sesiones, y te vende un bono cerrado de entrada.
- Te sugiere dejar o cambiar un tratamiento médico.
Si quieres saber qué es lo que se siente desde la camilla, que es la otra mitad de esta historia, lo tienes en qué se siente en una sesión de Reiki. Y lo que puede pasar en las horas siguientes, en qué es normal sentir después de una sesión.
Si te apetece probarlo
La mejor forma de entender todo esto es tumbarte una hora. No hace falta que traigas nada, ni que creas en nada, ni que sepas qué vas a sentir. Si te interesa sobre todo como herramienta para épocas de tensión, empieza por Reiki para la ansiedad y el estrés.
Preguntas frecuentes
- ¿Qué siente en las manos la persona que hace Reiki?
- Lo más habitual es calor, a veces intenso, y en menor medida hormigueo, pulsación o una sensación de peso. Son sensaciones de quien lo practica, no una medida de nada: no indican que la sesión esté funcionando mejor o peor.
- ¿La persona que da Reiki se cansa o "se carga" de lo que tiene el otro?
- Una sesión bien hecha no debería dejarte agotada. Si quien la da termina rendida, suele tener que ver con la postura, con la falta de descanso o con estar pendiente de "conseguir algo", no con absorber nada de la otra persona.
- ¿Hay que sentir algo para hacer Reiki bien?
- No. Hay practicantes que apenas notan nada en las manos durante años. Lo que hace una buena sesión es la atención, la calma y el respeto con que se acompaña a quien está en la camilla.
- ¿Quien da Reiki sabe lo que le pasa a la persona tratada?
- No, y desconfía de quien diga que sí. Las sensaciones de las manos no permiten diagnosticar ni adivinar nada. Lo que sé de quien viene a consulta es lo que me cuenta.
- ¿Cualquiera puede aprender a dar Reiki?
- Sí. Se aprende en cursos por niveles y no requiere ninguna condición especial. Otra cosa es dedicarse a ello con personas: ahí importan la formación, la práctica y saber dónde está el límite de lo que se ofrece.