De todo lo que me llega por WhatsApp, "estoy con mucha ansiedad, ¿el Reiki me vendría bien?" es de lo más repetido. Y es una pregunta que merece una respuesta seria, no un "claro que sí, ven".
Porque la respuesta honesta es: depende mucho de qué llames ansiedad, y de qué esperes que pase.
Lo primero: dónde está el límite
Voy a poner la frontera al principio, no escondida al final.
El Reiki no es un tratamiento para la ansiedad. No cura, no sustituye a la psicología ni a la psiquiatría y no hay evidencia científica que lo respalde como terapia de nada. Si tienes crisis de angustia frecuentes, si no puedes sostener tu vida diaria, si hay ideación autolítica, esto no es lo que necesitas y te lo voy a decir en la primera conversación.
No es una opinión mía: el centro de salud complementaria de los institutos nacionales de salud de EE. UU. mantiene un resumen de lo que se sabe sobre el Reiki (en inglés), por si quieres leerlo de primera mano.
Con eso dicho, hay un terreno muy amplio donde sí tiene sentido, y es donde está la mayoría de la gente que entra por la puerta.
Para qué sí, en la práctica
La persona a la que el Reiki le encaja no suele tener un diagnóstico. Suele ser alguien que:
- Lleva meses sin bajar de revoluciones, con el cuerpo en alerta permanente.
- Duerme mal, o duerme y no descansa.
- Tiene la mandíbula, los hombros o el estómago en tensión constante.
- No consigue parar sin sentirse culpable.
- Está en un momento de cambio —una mudanza, un duelo, un cambio de trabajo, cuidar de alguien— y va tirando como puede.
Para esa persona, una sesión hace algo muy concreto: una hora tumbada, sin hacer nada, sin que nadie le pida nada. Eso, dicho así, suena poco. Pero pregúntate cuándo fue la última vez que tuviste una hora entera de eso.
Por qué mucha gente sale más tranquila
No hace falta invocar nada misterioso para explicarlo. Hay varios ingredientes bastante mundanos:
Es una hora protegida. No es "descansar cuando pueda": es una cita, con hora, fuera de casa, que ya has pagado. Eso vence a la culpa de parar, que es el verdadero obstáculo para mucha gente.
Hay contacto físico tranquilo. El apoyo suave y sostenido de unas manos es algo que el sistema nervioso reconoce. No hay que creer en nada para que eso tenga un efecto.
Hay alguien atendiendo. Que otra persona dedique una hora a estar pendiente de ti, sin pedirte nada a cambio, no es una experiencia frecuente en la vida adulta.
El entorno lo pone fácil. Luz baja, silencio, temperatura agradable, nada de móvil. Condiciones que en casa casi nadie se monta.
Y la conversación previa. Diez minutos contándole a alguien cómo estás, en voz alta, ya mueven algo antes de tumbarte.
Todo eso junto explica bastante bien lo que la gente describe al levantarse. En qué se siente en una sesión de Reiki detallo las sensaciones concretas, minuto a minuto.
Qué esperar, con precisión
Prefiero decirlo claro porque las expectativas mal puestas arruinan el proceso.
Lo que suele pasar: que salgas con el cuerpo más suelto y la cabeza más lenta. Que esa noche duermas distinto —es de lo que más me hablan a la semana siguiente—. Que durante unos días lleves lo mismo de antes con menos crispación.
Lo que no va a pasar: que el problema desaparezca. Si tu tensión viene de un trabajo que te está destrozando o de una situación familiar insostenible, ninguna sesión va a cambiar esa situación. Puede darte un respiro para afrontarla, y eso es todo lo que promete.
El efecto es temporal, y no pasa nada. Una sesión no reprograma nada. Por eso, en épocas duras, tiene más sentido una cadencia —cada una o dos semanas— que una sesión suelta.
Cuántas sesiones, y cómo saber si te sirve
Y el compromiso que hago siempre: si después de tres sesiones no notas absolutamente nada, te lo voy a decir yo. No tiene sentido encadenar sesiones de algo que no te está haciendo efecto. Probaremos otra cosa o lo dejamos.
Lo que combina bien
En épocas de ansiedad, lo que mejor funciona en mi experiencia no es una sola cosa, sino la combinación de algo que trabaje el día a día y algo que ponga un punto de parada.
- Una fórmula de Flores de Bach para el día a día, con las gotas como recordatorio cuatro veces al día.
- La sesión, semanal o quincenal, como espacio protegido.
- Y lo aburrido pero decisivo: sueño regular, cafeína con tope, algo de movimiento. Eso está en por qué estás siempre cansada.
Si vives lejos o no puedes desplazarte, existe la modalidad a distancia, aunque para empezar sigo recomendando la presencial.
Antes de pedir cita
Cuéntame en dos líneas qué te está pasando. Con eso ya puedo decirte si esto encaja contigo o si lo que necesitas es otra puerta, y prefiero decírtelo antes de que te muevas de casa. Cómo transcurre esa primera visita lo tienes en tu primera consulta, paso a paso.